sábado, 19 de agosto de 2017

La seducción

de Sofía Coppola. EE.UU., 2017. 91.
19 de agosto de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

Durante la Guerra de Secesión un soldado herido es acogido en un pequeño internado en el que solo hay mujeres. Mientras se va restableciendo, algunas sienten atracción por él. Pero al final las cosas terminan mal.

De Sofia Coppola siempre espero una manera singular de contar las historias y una ambientación muy cuidada. La seducción no me defrauda. No será una de sus mejores películas pero, contando con Nicole Kidman y el liderazgo que su personaje ejerce en esa comunidad femenina, Sofía Coppola consigue componer un relato muy interesante. Esa casa sureña en la que se forja  el carácter femenino y ese bosque tupido desde el que se oyen los sonidos de la guerra son los escenarios de una historia que tiene algo de cuento moral sobre la insularidad de las relaciones humanas.

miércoles, 16 de agosto de 2017

La decisión del rey

de Erik Poppe. Noruega, 2016. 133. 
16 de agosto de 2017. Cines Van Dyck, Salamanca.

En la primavera de 1940 los alemanes ocupan Noruega. Y el rey debe decidir si, como hizo su hermano en Dinamarca, acepta sus condiciones o, asumiendo el coste de una guerra desigual, mantiene la dignidad de una monarquía democrática.

Y el rey optó por lo segundo. Eso es lo que vemos en esta película en la que le seguimos en aquella travesía por Noruega con la que él y su gobierno lograron poner a salvo lo que su figura representaba. Con su cámara en mano Erik Poppe nos hace partícipes de la intimidad del rey, la familiar y la política, y consigue construir un relato interesante sobre un episodio histórico crucial del que los noruegos no han tenido que avergonzarse. Así que ha sido otra tarde grata de buen cine en los Van Dyck de Salamanca. Hoy recordamos otra en la que coincidimos aquí con el maestro Basilio Martín Patino, ese cineasta grande y humilde que nos dejó esta semana. Este país tiene con él una gran deuda. Por no haber sabido reconocer el valor de su obra cinematográfica ni su esfuerzo por mitigar la amnesia sobre nuestra historia. En Salamanca deja, además, un hermoso legado sobre las viejas tecnologías cinematográficas que se llama Artilugios para fascinar. Esta mañana lo visitábamos en la sede de la filmoteca.

martes, 15 de agosto de 2017

Abracadabra

de Pablo Berger. España, 2017. 96’.
15 de agosto de 2017. Multicines Béjar, Béjar.

El primo de Carmen hipnotiza a su marido durante una boda.  Él es un garrulo que la trata muy mal, pero al día siguiente de esa sesión parece otro. Concretamente alguien amable y bondadoso que podría hacerla muy feliz. Y es que el espíritu de un chico así se ha introducido en él durante aquella sesión de hipnosis.

Como no podía ser de otro modo, Maribel Verdú y Antonio de la Torre están estupendos en los papeles de esta pareja de Carabanchel que podría ser bastante verosímil. No lo es, ni lo pretende, esta historia dislocada con la que Pablo Berger demuestra una vez más su gran capacidad para crear imágenes poderosas y ambientes sorprendentes. Prueba de ello son escenas tan singulares y atractivas como las de la boda inicial, la del encuentro con la pareja dispuesta al intercambio, la del tipo de la inmobiliaria o la del mono en la grúa. La idea de relacionar una boda con una sesión de hipnosis tiene bastante intención, como también la tienen otros subtextos de una película que es menos banal de lo que parece. Sin embargo, queriendo evitar el obvio final feliz de la esposa quedándose con ese marido ideal hipnotizado, Pablo Berger cierra la historia con algunas cosas cuestionables. Por ejemplo, que el psicótico (o el hombre) con una cara buena ha de tener también otra perversa (el mono y el guiño  musical al 2001 de Kubrick parecen sostener que la masculinidad cafre tiene raíces filogenéticas). O que no se debe confiar en alguien que parece bueno y no hace ahora nada malo: si lo hizo en 1983 es culpable para siempre.

jueves, 10 de agosto de 2017

Las furias

de Miguel del Arco. España, 2016. 125.
10 de agosto de 2017. Teatro Cervantes, Béjar. XXI Semana de Cine Español.

El abuelo era un gran actor y antes de perder la memoria habló a la niña de las furias, esos seres anteriores a los dioses que castigaban los males hechos dentro de la familia. Entre los dos sigue habiendo una complicidad especial que los separa de los demás miembros de esa familia desgarrada. La abuela querría presentarles a sus hijos a esa psicóloga joven y guapa que todos consideran su asistente pero que en realidad es su amante. Pero no se atreve, así que les dice que piensa vender la casa y los invita a pasar unos días juntos en ella. Allí será evidente la tensión entre los tres hermanos y los dramas de cada uno de ellos. La crisis radical de la hermana con su marido, la felicidad con plazo fijo del hermano exitoso que quiere aprovechar la ocasión para casarse con la mujer con la que vive desde hace veinte años y el resentimiendo del hermano menor que sigue viviendo en la casa y se lleva mal con todos. Para la nieta, que contempla lo que pasa desde su lúcidez desquiciada, está muy claro que las furias están acosando sin tregua a esta familia cuarteada.

Un guión magnífico de principio a fin. Desde ese preámbulo que abre la historia conectándola con la teogonía griega hasta ese final hiperdramático pero también catártico y luego esperanzador. De Miguel del Arco ya solo esperamos lo mejor en el teatro (también en proyectos tan extraordinarios como el de Kamikaze en el Pavón). Y ahora también en el cine tras esta estupenda primera película. Las furias es una historia sobre dramas y demonios familiares muy reconocibles. Quizá por eso a los espectadores menos teatreros o menos conocedores de la mitología les pueda sorprender ese subtexto que la acompaña en la que hay no pocas referencias al teatro y a los mitos clásicos. Referencias siempre bien traídas en un guión impecable y más que premiable. Igual que las soberbias interpretaciones de un elenco deslumbrante en el que están que se salen Mercedes Sampietro, José Sacristán, Carmen Machi, Bárbara Lennie, Gonzalo de Castro, Pere Arquillué, Emma Suárez, Alberto San Juan... Y entre ellos también la joven Macarena Sanz, que ya estaba estupenda en el papel de ciega podemita en la reciente Selfie de Victor García León y que aquí borda ese personaje fascinante de la adolescente que todo lo ve y todo lo entiende y que tan magníficamente conecta con el de ese gran actor que interpreta (y es) José Sacristán. Así que uno solo lamenta no haber podido ver antes en salas comerciales una película que tendrá bien merecidos los premios que puedan darle y que vuelve a confirmar lo valiosas que son iniciativas como las de esta Semana de Cine Español en Béjar que se desarrolla en su delicioso teatro Cervantes. Con esta edición ya ha cumplido veintiún años mostrando buen cine. Y brindándonos estupendas noches cinéfilas en algunos de estos días de agosto que acostumbramos a pasar en estas hermosas tierras en que Salamanca ya es casi extremeña.

martes, 8 de agosto de 2017

Villa Touma

de Suha Arraf. Palestina, 2014. 85. 
8 de agosto de 2017. Cines Van Dyck, Salamanca. V.O.S.

Una joven palestina deja el orfanato para vivir con sus tías. Ellas son tres hermanas de alta alcurnia que viven casi aisladas en Villa Touma, un palacete en el que mantienen los modos y maneras propias de la vieja aristocracia cristiana palestina. La chica es la hija del hermano que cometió el error imperdonable de casarse con una musulmana. Ahora deberá adaptarse a los rancios modales con que sus tías esperan poder casarla.

Otra estupenda inmersión en la cotidianidad de unas vidas palestinas. Como la de Asuntos de familia, la magnífica película de Maha Haj que pudimos ver la semana pasada en los cines Groucho de Santander. Hoy vemos Villa Touma en Salamanca, dentro del selecto ciclo que programan cada verano los cines Van Dyck (cuánto me gustaría que en Asturias hubiera unas salas así). Igual que la de Maha Haj, la película de Suha Arraf es otra sorprendente ópera prima que viene a confirmar lo que ya dije a propósito de Asuntos de familia: que en Israel y Palestina hay temas distintos a los de ese conflicto y también cineastas de alto nivel y mirada singular dispuestos a mostrarlos (en este caso dispuestas, porque las dos son mujeres). Villa Touma es una estupenda rareza que nos introduce en la opresiva y curiosa vida de estas hermanas que solo salen a la calle con esa cabeza muy alta propia de unas ilusiones que aún resultan más pretéritas y rancias por el contraste con la recién llegada. Las interpretaciones son sutiles y armónicamente perfectas en una película en la que no importa tanto el desenlace como lo que vamos conociendo de esas vidas extrañas y extrañadas en el pasado. Por lo demás, el plano final nos hace pensar en la posibilidad de otra historia futura que también sería bien interesante.

miércoles, 2 de agosto de 2017

50 primaveras

de Blandine Lenoir. Francia, 2017. 87.
2 de agosto de 2017. Cines Los Prados, Oviedo.

Aurore tiene sofocos, va a ser abuela y ha dejado su trabajo. Por suerte, encuentra a un tipo estupendo. El que había sido su primer amor cuando tenía dieciocho años.

No las soporto. Ni las películas de género ni las generacionales. Y esta va de las dos cosas. Siendo francesa debería estar advertido, pero otra vez he caído en la trampa de las buenas críticas. Mi fobia al aislamiento generacional y al esencialismo de los géneros no es solo en el cine. Detesto los eventos solo de hombres o solo de mujeres, los lugares solo para gente joven o solo para gente mayor. Cada vez me parece más lamentable esta deriva a la que estamos asistiendo en la que parece que la diferencias entre las edades y entre los géneros deben ser tan patentes como aquel muro que nos separaba en el patio de la escuela. Hoy parece que las mujeres y los hombres tienen que cargar necesariamente con sus supuestas condiciones potenciales (que no circunstancias puntuales) de victima o de victimario. Como si fuera probable que todas y todos acabemos siéndolo si no nos protegemos o nos controlamos lo suficiente. Como si para evitar que haya víctimas la mejor estrategia fuera generalizar el victimismo y hacernos todos protectores de las pobres mujeres frente a ese demonio en que se puede convertir cualquier hombre por el hecho de serlo. Yo reniego de todo eso. De suponer que, por defecto, las mujeres han ser protegidas y los hombres reeducados. Si fuera mujer no me gustaría que a priori me consideraran vulnerable solo por serlo. De hecho, la vulnerabilidad no me parece un defecto propio de un género sino una virtud humana bastante compartible y reivindicable. En cuanto a las edades del hombre (y de la mujer) me declaro decididamente intergeneracionalista. Soy de los que piensan que, aunque modulados por el tiempo, ni la mirada ni el pensamiento están determinados por él. Pero no me enrollo más. Solo reitero que esta bobada francesa sobre (y para) la mujer madura (así, en singular y con artículo) está a una distancia sideral de otras historias con las que podría compararse. Por ejemplo, con Gloria, la estupenda película chilena de Sebastián Lelio. Si Blandine Lenoir la hubiera visto no habría hecho esto.

martes, 1 de agosto de 2017

Asuntos de familia

de Maha Haj. Israel, 2016. 90.
1 de agosto de 2017. Cines Groucho, Santander.

Un matrimonio mayor no se soporta. Tampoco le va bien a sus tres hijos la vida en pareja. Uno no tiene nada clara su relación con su majísima novia. La hija embarazada tampoco está bien con ese marido bondadoso que anhela ver el mar y que tiene en casa a una abuela deliciosamente amnésica. Y del hijo que vive en Suecia tampoco llegarán a conocer a su pareja cuando vayan a visitarlo.

Frente a su hijo y en medio de un lago nórdico ese matrimonio mayor acabará haciendo una hermosa declaración de desamor. Y eso es esta magnífica película. Toda una declaración sobre la bondad y la belleza que pueden acompañar el desamor. Para empezar, en el propio contexto en que viven estos palestinos israelíes del que apenas se intuyen más conflictos que los de sus propias vidas. Porque es posible y deseable que el cine muestre historias en las que israelíes y palestinos puedan ser algo más que meros sujetos (activos o pasivos) de ese viejo conflicto. Asuntos de familia es una hermosa historia contada con parsimonioso naturalismo y una pizca de surrealismo. Una película muy bella por el exquisito cuidado que la directora pone en todos los encuadres y por su capacidad para hilvanar un relato cautivador en el que no hay subrayados musicales, ni falta que hacen. Y también por los perfiles humanos que consigue desvelar a través del silencio y la flema de sus personajes. Esos maduros matrimoniados de convivencia ritualizada que ya no se soportan. Esa adorable anciana amnésica, entre felina y paquidérmica, que mirando unas baldosas hace una hermosísima evocación de la infancia. Ese yerno que es feliz como un niño cuando por fin se acerca al mar. Y esa pareja que no lo tiene nada claro hasta que se pone a bailar un tango en una comisaría. Así que en esta jornada en que hemos disfrutado con nuestra primera visita al Centro Botín ha sido una suerte encontrarnos en estos estupendos (y hoy bastante concurridos) cines Groucho con esta magnífica película a la que acompaña en la cartelera nada menos que Verano 1993. Los santanderinos son muy afortunados por tener de nuevo una sala de cine que programa tan bien como esta.

sábado, 29 de julio de 2017

Dunkerque

de Christopher Nolan. EE.UU., 2017. 107.
29 de julio de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

En 1940 cientos de miles de soldados británicos y franceses quedaron aislados en las playas de Dunkerque. Para rescatarlos se usaron todos los medios, hasta pequeñas embarcaciones de los pueblos costeros ingleses. Asistimos a aquellos días cruciales desde la perspectiva de algunos personajes que podrían haberlos vivido: un soldado francés que se une a los británicos para huir, un mando de la marina que dirige la evacuación resistiéndose a la impotencia, un piloto que protege a los barcos enfrentándose a los aviones alemanes hasta quedar sin combustible, un ciudadano inglés que navega por el canal con su hijo y un amigo para traer de vuelta a todos los soldados que puedan. Historias parcialmente cruzadas que pudieron suceder en Dunkerque.

Como hiciera Steven Spielberg en Salvar al soldado Ryan, Christopher Nolan nos mete de lleno en la terrible experiencia de una guerra. Y lo hace con la potencia de unas imágenes y unos sonidos sobrecogedores. En Dunkerque los personajes apenas hablan porque poco hay que decir cuando se está viviendo algo como aquello. Una experiencia terrible que Nolan nos muestra por tierra, mar y aire. En la tierra (o en la arena) al comienzo de la película seguimos al soldado francés con una cámara subjetiva que no puede ser más inmersiva. Desde el aire vemos las hazañas de los aviadores y también el panorama cenital de un drama de dimensiones inconcebibles. Y en el mar sufrimos la incertidumbre y el miedo de esos miles de soldados a la deriva para los que cualquier cosa que flota podría ser la salvación pero también el blanco de la siguiente bomba. Sin embargo, a pesar de la verdad y la dureza que contienen las imágenes y los sonidos de esta película extraordinaria, Nolan tiene el cuidado de no recrearse en la truculencia, de no falsificar el dramatismo de lo que muestra llenando la pantalla de sangre o mutilaciones, algo muy frecuente en otras películas que toman la excusa de la guerra para saciar al espectador de experiencias viscerales. Nolan sabe equilibrar el heroismo y el drama, la finura de los dilemas éticos que nos presenta con la intuición sobre el papel crucial que este episodio pudo tener en el desarrollo de la guerra. Así que, justo después de ver una película tan magnífica como Su mejor historia de  Lone Scherfig, volvemos a tener a Dunkerque como tema central de otra. Y la firma un director que, tras Origen e Interstellar, ya no tiene que demostrar su enorme capacidad para construir historias descomunales.  Con Dunkerque Christopher Nolan ha aportado a la historia del cine una obra mayor sobre la guerra. Y lo ha hecho sabiendo combinar muy honestamente la tensión, la emoción y la ética en una película formalmente impecable.

martes, 18 de julio de 2017

Su mejor historia

de Lone Scherfig. Reino Unido, 2016. 117’.
18 de julio de 2017. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

Autenticidad y optimismo. Esas son las claves de la película patriótica que deben preparar unos guionistas británicos en medio de la Segunda Guerra Mundial. Catrin Cole propone que se inspire en la historia de dos gemelas que ayudan con su barco a repatriar soldados desde Dunkerque. El proyecto avanza muy bien. Sobre todo por la complicidad con Tom Buckley, uno de los compañeros con los que está escribiendo el guión.

Una historia clásica sobre gentes que hacen cine en medio de las bombas. Así es Su mejor historia, cine dentro del cine con un guión tan eficaz y bien planteado como el de los personajes que preparan el suyo en la ficción. El cine en los cuarenta, las profesiones de ese mundo (genial la forma en que se retrata a los actores), Londres bajo los bombas, la relación angloamericana y una hermosa historia de amor, son algunos de las mimbres de una película que comienza de forma agradablemente sencilla y va creciendo en interés hasta el emotivísimo tramo final. El guión de la película ficticia se entiende maravillosamente con la que nosotros vemos, haciendo que las lágrimas finales de los espectadores londinenses de los años cuarenta se contagien a nuestras butacas y que la pantalla sirva de espejo para un homenaje al cine y a la singular comunión cívica que tiene lugar en él. No sé si Su mejor historia acabará siendo la mejor película de Lone Scherfig, pero tendrá mucho mérito si consigue hacer otra mejor.

lunes, 17 de julio de 2017

La guerra del planeta de los simios

de Matt Reeves. EE.UU., 2017. 142.
17 de julio de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

Los humanos quieren acabar con los simios en una guerra total. Así que estos necesitan salir de su reducto boscoso y encontrar alguna tierra prometida. César pretende guiarlos, pero antes quiere vengar la muerte de su mujer y de su hijo a manos de un pérfido líder estadounidense. Cuando lo encuentra está preparando una fortificación para defender a sus tropas de otros ejercitos humanos. Para ello ha creado un campo de trabajos forzados en el que los simios se ven obligados a construir un gran muro. Pero la astucia de César hará que finalmente triunfen los buenos y el planeta acabe siendo simio.

Imágenes impresionantes de paisajes y paisanajes.  Chimpancés, orangutanes y gorilas con gestos más sentidos que los de los humanos deberán luchar contra estos. Y lo harán en la arcadia boscosa de la que acabarán siendo expulsados y en el campo de concentración nevado en el que tendrán que rebelarse para merecer finalmente ese paraíso prometido con vistas a un lago al que los conducirá un Moisés simio llamado César. Pero más allá de eso, la película no me parece tan atractiva como la primera de la trilogía que se cierra justo cuando está a punto de cumplirse el medio siglo de la historia original. La guerra del planeta de los simios está hecha con muchos guiños y retales: el Kurt de Apocalypse Now, los capos de los campos de concentración nazis, los lideres negros de la causa por los derechos civiles, el comienzo de 2001 Una odisea del espacio y hasta el final de Los Croods. Pero, al margen de estos homenajes y referencias más o menos cinéfilas, la película que este verano expolia nuestras carteleras y secuestra tantas salas de proyección (igual que hacen cada diciembre las sucesivas guerras de las galaxias) es una historia tópica con un protagonista algo cargante en la que no encuentro motivos para las buenas críticas que ha recibido. Unos elogios que, desde luego, no necesita para que las empresas mayoritarias de distribución y exhibición sigan tenazmente con su labor habitual de desencefalización y uniformización de los públicos.

miércoles, 12 de julio de 2017

Llega de noche

de Trey Edward Shults. EE.UU., 2017. 97.
12 de julio de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

Una pareja y su hijo viven aislados en una gran casa en el bosque. Tras ser infectado el abuelo, los tres siguen evitando todo contacto con el exterior porque un mal desconocido ha obligado a la gente a alejarse de las ciudades. Una noche llega a la casa un hombre. Busca ayuda para su mujer y su hijo. Tras dudarlo, la familia decide acogerlos. Pero los miedos harán que las cosas se compliquen.

Salvando las distancias cinematográficas y literarias, el referente obligado de esta historia postapocaliptica es La carretera. El miedo que en la película de John Hillcoat (y en la novela de Cormac McCarthy) era nómada aquí es sedentario. Los recursos narrativos y la información que se nos aporta son mínimos para concentrar nuestra atención en lo central de la historia: la difícil convivencia entre los humanos cuando el miedo lo llena todo. El relativo protagonismo del hijo de la primera familia propone un punto de vista muy oportuno para una historia que, en general, está bien contada y que viene a confirmar que casi siempre es más temible y peligroso el propio miedo que aquello que lo motiva. Así que, aunque algunos detalles del guión podrían ser discutibles (las incineraciones en medio de ese denso bosque, los motivos de la última decisión de la segunda familia o el destino que al final tendrá la primera), Llega de noche es una película interesante que tiene el acierto de no abusar de los sustos para mantener la tensión.

martes, 11 de julio de 2017

Estados Unidos del Amor

de Tomasz Wasilewski. Polonia, 2016. 104’.
11 de julio de 2017. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

Cuatro mujeres sufren por amor. Una no quiere a su marido, pero quizá sí a un cura. Otra dirige un colegio y es rechazada por un hombre que acaba de quedarse viudo y con el que tenía una relación. La tercera es una mujer madura a la que atrae una joven que fue modelo y que también sufre por la ausencia de su amor. Todas tienen alguna relación entre ellas. En la familia, en el trabajo o en el vecindario.

Áspera. Con una fotografía de colores muy fríos que será fácil que uno recuerde en blanco y negro. Así es esta historia de cuatro mujeres polacas. Los encuadres están siempre muy cuidados. Como la forma en que se nos muestran las tristísimas vidas de estas mujeres unidas por su insatisfacción amorosa. Sus historias están contextualizadas en la Polonia inmediatamente posterior a la caída del muro de Berlín, pero los dramas que de ellas se nos muestran parecen tener un calado existencial mucho mayor. Así que, siendo igual de dramático y de triste, el Tomasz Wasilewski de hoy me ha parecido mucho más contenido y con mucho mejor control del relato que el de Floating Skyscripers, aquella otra amarga película suya sobre la homoxualidad juvenil que vi hace cuatro años en la sección oficial del Festival de Gijón. Estados Unidos del Amor está muy bien interpretada (cuando las mujeres están vestidas y también cuando están desnudas) y tiene una dirección impecable que evita cualquier subrayado, ni siquiera musical. Es una historia sobre los amores no correspondidos desde un punto de vista radicalmente femenino y bastante plural.

lunes, 10 de julio de 2017

El hombre del corazón de hierro

de Cédric Jimenez. Francia, 2017. 120.
10 de julio de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

Vemos como Reinhard Heidrych va llegando a la cúspide del poder nazi. Y vemos también cómo se preparó el atentado que en 1942 acabó en Praga con la vida de quien diseño en plan para el exterminio judío.

Dos por uno. Una primera parte sobre el ascenso al poder de aquel canalla. Y una segunda sobre la forma en que la resistencia checa preparó su asesinato. En la primera parte destaca la forma en que asistimos desde muy cerca a la intimidad del poder nazi, a su parafernalia estética y al horror de algunos de sus crímenes. En la segunda parece que estamos en otra película y el protagonista inicial deja de serlo en favor de los dos paracaidistas que llegan desde Londres con la misión de acabar con él. Su muerte desencadenó la furia de los nazis que, en venganza, arrasaron e hicieron desaparecer Licide, un pueblo checo cuyo nombre se ha convertido en símbolo de aquel tiempo terrible. El hombre del corazón de hierro resulta, por tanto, un interesante testimonio de aquellos hechos, pero se hace extraña por la forma en que se muestran sucesivamente las dos historias.

domingo, 9 de julio de 2017

Baby driver

de Edgar Wright. Reino Unido, 2017. 115.
9 de julio de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

La vida tiene banda sonora para Baby. Especialmente cuando trabaja de conductor para unos atracadores. Tras saldar una deuda lejana quiere empezar una nueva vida con la chica que acaba de conocer. Pero el capo lo presiona y tendrá que conducir para ellos una vez más.

Baby driver es casi un musical. Desde la magnífica primera escena, todo lo que sucede está impecablemente armonizado con la banda sonora que este conductor medio autista pone a todo lo que hace. La historia de la madre cantante que murió en un accidente y la del amor con la chica del bar añaden un contrapunto romántico a esta estupenda película de delincuentes que atracan y coches que derrapan. El ritmo es frenético y no hay un minuto desperdiciado en esta entretenidísima historia que confirma el buen pulso narrativo de Edgar Wright. De él vimos hace tres años en la plaza del Niemeyer The World's End, una historia también trepidante y con derivas fantásticas. Así que, tras estas dos películas, ya sé que merece la pena ver todo lo que haga este director meticuloso que sabe hacer buen cine además de entretener.

lunes, 3 de julio de 2017

Aurora (jamais contente)

de Emilie Deleuze. Francia, 2016. 90’.
3 de julio de 2017. Cines Los Prados, Oviedo.

Aurora tiene trece años y repite curso. Vemos junto a ella sus relaciones escolares y periescolares. También las familiares. Para la mayoría la chica resulta insoportable. Y se comprende.

Viendo su cine, me temo que Francia tiene un problema con su adolescencia. Pero no con lo que les pasa a sus chicos, sino con la forma en que los adultos los perciben. Algo parecido a lo que sucede con esta Aurora, a la que no vemos como adolescente sino como la percepción (adulta) de una adolescencia. Y lo que le pasa a Aurora es que si en vez de un personaje fuera una persona sería simplemente detestable. Y no a sus trece años o por sus trece años (esa quizá sea la tesis de la película) sino porque es así. A veces olvidamos que los adultos desagradables seguramente no se han hecho en cuatro días sino que quizá también lo fueron en el instituto y hasta en la escuela. A mi algunos ya me lo parecían entonces y estoy seguro de que Aurora sería uno de ellos y que tampoco me caería nada bien cuando se hiciera mayor. Por si fueran pocos sus defectos, esta película exasperante (que contribuirá muy poco a incrementar la natalidad francesa) termina de forma ñoña con un pretendido y absurdo final feliz de reconciliación familiar. ¿Por qué tanto buen cine español no llega a nuestras salas más populares y tanto mal cine francés siempre encuentra espacio y tiempo en ellas?

Maudie

de Aisling Walsh. Canadá, 2016. 115’.
3 de julio de 2017. Cines Los Prados, Oviedo.

Tras la muerte de su madre, Maud vive con una tía que no la quiere. Su hermano ha vendido la casa familiar y ella padece desde pequeña una artritis severa que la incapacita bastante. Queriendo alejarse de su tía acepta trabajar como sirvienta para Everett Lewis, un pescadero extremadamente rudo. En su pequeña cabaña ella disfruta pintando con formas y colores de dulzura primitiva. Como el afecto que va creciendo entre estos dos seres humildes y conmovedores. En sus cuadros Maud incluye también el nombre de Lewis y, poco a poco, sus pinturas van siendo muy apreciadas dentro y fuera de Canadá. Pero ellos no abandonan nunca su vida modesta en esa cabaña mínima en la que se siguen queriendo hasta el final.  

Solo por las magníficas interpretaciones de Sally Hawkins y Ethan Hawke ya merece la pena ver esta hermosa película sobre la vida de Maud Dowley. Los dos consiguen reflejar con precisión las minusvalías de sus personajes. La minusvalía física de ella y la minusvalía emocional de él. Y los dos saben expresar el contrapunto que los hace tan complementarios y tan gratos para el espectador. La torpeza física de Maudie inspira inmediatamente compasión. Y también mucha empatía por su bondad natural y por la sutileza con que percibe y crea belleza en su humilde entorno. La torpeza afectiva de ese macho rudo, que es al principio Lewis, despierta más bien desagrado. Pero la forma en que Maudie consigue que veamos en él a un buen salvaje dispuesto a conocer y compartir con ella una vida feliz, hace que este pescadero tosco de Nueva Escocia me recuerde un poco esa extraña masculinidad confortable que hacía tan amable al personaje de Richard en Lóving, la última película de Jeff Nichols sobre el racismo en Virginia. Solo algunos subrayados musicales me parece que están de más en esta hermosa historia que no necesita ninguno. Maudie es una película sencilla y bien contada con la que Aisling Walsh demuestra que con dos actores soberbios y una historia conmovedora se puede conseguir que, tras pasar dos horas en esos paisajes bellísimos y en esa cabaña dulcísima, el espectador sepa que la pareja que los habitó le será inolvidable.

sábado, 1 de julio de 2017

Los últimos años del artista: Afterimage

de Andrzej Wajda. Polonia, 2016. 98.
1 de julio de 2017. Cines Renoir Princesa, Madrid. V.O.S.

En los años cincuenta Wladyslaw Strzeminski no aceptó someterse a las directrices estéticas del realismo socialista. Y pagó esa rebeldía con la condena al ostracismo hasta el final de su vida.

Es su última película, casi un testamento filmado. Andrzej Wajda ha querido homenajear con ella a la figura de este artista polaco. Habla de la triste historia de este pintor y teórico del arte, pero también podría estar hablando de las condiciones en que tuvo que hacer su propio cine durante la Guerra Fría. Es una película de maneras clásicas y fotografía hermosamente triste de la que será inolvidable la escena en que la luz se torna roja justo cuando el pintor se dispone a comenzar un nuevo cuadro. Como en tantas otras ocasiones, uno lamenta el penoso título que se ha puesto aquí a la película. Resulta muy impreciso en su primera parte (Los últimos años del artista: ¿de qué artista?) y pone en inglés la segunda.

Verano 1993

de Carla Simón. España, 2017. 96.
1 de julio de 2017. Cines Renoir Plaza de España, Madrid. V.O.S.

Frida queda huérfana con seis años. Ese verano es el primero que pasa con sus tíos y su prima en el campo. A partir de ahora serán su nueva familia. Y las cosas no serán fáciles para ninguno de ellos.

¿Puede el verano protagonizar una película? ¿Puede el cine reflejar los miedos adultos y las culpas infantiles? Verano 1993 demuestra que sí. Este retrato impecable de un tiempo crucial en la vida de esta familia (por la dedicatoria final parece claro que está inspirado en la propia infancia de la directora) es mucho más que una película magnífica protagonizada por dos niñas deliciosas. Carla Simón sabe sacar oro de sus gestos y sus palabras, pero su película tiene mucho más mérito que ese. Es una historia cautivadora sobre la ternura y la memoria, sobre las dificultad con que se tejen los lazos que con el tiempo construirán los afectos. La fascinación que producen las dos niñas puede hacer pensar que la historia solo trata de ellas. Pero no. Aunque podría hacerlo, Carla Simón no quiere aprovecharse del magnetismo que  tienen esas niñas cuando una cámara con tan buen pulso narrativo como el suyo es capaz de enamorarnos de ellas. Verano 1993 no es una de esas películas tramposas que se sostienen solo en los niños. En esto su cine se parece al de Kore-eda. Y es que en su película, tan importantes como las vivencias de los niños son también los sentimientos de los adultos. Esos padres cuyos temores uno entiende perfectamente. Esa familia barcelonesa que enmarca una red de relaciones que nos hacen atisbar el lugar que en ellas debió ocupar esa madre por cuya muerte la niña pregunta a su tía en la conmovedora escena del final. Como tantas otras magníficas películas barcelonesas, Verano 1993 seguramente se verá poco fuera de Cataluña. Doblar a las niñas sería un crimen y en este país subtitular las películas se considera tan raro como oír hablar en catalán. Y será una lástima porque es una de las películas más conmovedoras e interesantes que ha dado el cine español en los últimos tiempos.

viernes, 30 de junio de 2017

Cartas de la guerra

de Ivo Ferreira. Portugal, 2016. 105’.
30 de junio de 2017. Cines Golem, Madrid. V.O.S.

En los primeros años setenta un soldado portugués escribe desde Angola varias cartas a su mujer. Es médico y podría llegar a ser escritor. Dos condiciones que le hacen sufrir aún más en esa guerra colonial que le tiene tan lejos de su amada. 

Una fotografía en blanco y negro extraordinaria y unos encuadres siempre impecables nos muestran unos escenarios bélicos de los que esas cartas de Lobo Antunes consiguen en parte distanciarnos. Las palabras y las imágenes mantienen un extraño diálogo que resulta magnético aunque también puede parecer tedioso. Es lo que tiene la saudade, ese sentimiento portugués que tan bien ilustra esta película. Para unos es cautivador, para otros deprimente.

jueves, 29 de junio de 2017

Júlia Ist

de Elena Martín. España, 2017. 90’.
29 de junio de 2017. Cines Golem, Madrid. V.O.S.

Júlia es una estudiante de arquitectura que se va a Berlín con un Erasmus. En Barcelona queda su novio y la vida que tenía. Serán meses difíciles en los que hará nuevos amigos y se replanteará su vida.

En Las amigas de Àgata Elena Martín era aquella chica barcelonesa para la que la vida cambiaba al llegar a la universidad. En Júlia ist interpreta y dirige esta nueva historia sobre otra joven barcelonesa que vive la experiencia de esa soledad acompañada que puede suponer un Erasmus. Y otra vez hay mucha maestría en este retrato hiperrealista de una juventud que me resulta bien cercana. No sé si de este entorno femenino plural que tan buen cine está haciendo en Barcelona saldrá una nueva historia sobre las transiciones propias de las edades universitarias (¿en un posgrado quizá?). Pero si Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius, Marta Verheyen o Elena Martín se animan a hacerlo con seguridad me tendrán entre su público. Y esperaré de ellas lo mejor.