sábado, 18 de noviembre de 2017

Scary mother

de Ana Urushadze. Georgia, 2017. 107’.
18 de noviembre de 2017. Teatro Jovellanos, 55º Festival de Cine de Gijón (sección oficial). V.O.S.

Manana tiene una doble vida. Es ama de casa desatenta y escritora desquiciada. Lo segundo se impone a lo primero cuando, tras empezar a leerle lo que está escribiendo, su marido la obliga a dejarlo. La novela está inspirada en su propia familia y es una historia extrema que a ella la tiene obsesionada pero a él le repugna. El dueño de una papelería cercana también ha leído el manuscrito y lo considera una obra maestra. Así que prepara una habitación para que Manana pueda seguir escribiendo.

Nada me extrañaría que Nato Murvanidze fuera premiada por el atormentado personaje femenino que borda en ese espacio familiar enclavado en un paisaje urbano postsoviético con una fuerza más que notable. El tema de la creación literaria, el contexto y motivo en una familia, la autoría en esta mujer enigmática y el público lector reducido a ese modesto papelero que está seguro de estar asistiendo a la forja de un genio literario, todo ello compone una película muy potente que resulta cautivadora con unos encuadres de radical elegancia en entornos desangelados. El género de esta película (realista pero mágica, costumbrista pero reflexiva, áspera pero irónica) es muy transgresor. Como la propia mirada de género que contiene, que tampoco es nada obvia. Así que Scary mother es una singular propuesta que, a pesar de su extrañeza, se ve con mucho interés hasta ese cierre perfecto en el que el padre de la protagonista se convierte a la vez en personaje de su creación literaria y hemenéuta de la película. Sea cual sea su destino en el palmarés, está claro que el de Ana Urushadze es el tipo de cine por el que ha alcanzado prestigio un festival como este.

viernes, 17 de noviembre de 2017

A man of integrity

de Mohammad Rasoulof. Irán, 2017. 117’.
17 de noviembre de 2017. Centro Municipal Integrado Pumarín, 55º Festival de Cine de Gijón (sección: rellumes). V.O.S.

Un hombre cría peces en unos estanques en el campo. Agobiado por las deudas parece que la única salida que le queda es pagar sobornos y perder su integridad. Sin embargo, él se resiste a hacerlo y las cosas cada vez le van peor. Su mujer es directora de un colegio y le apoya, pero la situación se va haciendo insoportable. Sobre todo por la presión a la que le somete un entorno que quiere que se vaya del lugar. Tras pasar por la cárcel y sufrir la destrucción de su pequeño negocio buscará otra salida. Una que le llevará a la cumbre del entramado mafioso.

La película comienza como un relato de alta intensidad moral del estilo de los que nos regala frecuentemente el cine iraní. Pero, poco a poco va escorando hacia un thriller que me interesa bastante menos. Algo que ya sucedía en Manuscripts don't burn, la anterior película de Rasoulof que vimos en este mismo festival hace tres años. Por lo demás, el gesto amargo y hierático del protagonista, que no cambia en toda la historia, no consigue transmitirme la intensidad que, supuestamente, debería percibir en la historia. Me hubiera gustado más que la película fuera menos truculenta y se centrara en las vivencias de esa familia acosada. Creo que ahí había otra historia mucho más interesante.

The first lap

de Kim Dae-hwan. Corea del Sur, 2017. 101’.
17 de noviembre de 2017. Centro Municipal Integrado Pumarín, 55º Festival de Cine de Gijón (sección: rellumes). V.O.S.

Dos jóvenes viven juntos desde hace tiempo. No quieren casarse ni habían pensado en tener hijos, pero quizá ella esté embarazada. Unas visitas a los padres de ella y luego a los de él (que ella todavía no conoce) les harán replantearse sus vidas.

Encuentro que Kim Dae-hwan se parece más a Rohmer que a Hong Sang-soo. Con esto está dicho todo sobre esta segunda película de la primera tarde de esta edición del festival. La cámara está siempre bien colocada sin importunar una intimidad a la que asistimos en la casa de esa pareja, en su coche (siempre desde el asiento de atrás) y en los hogares de sus padres. Lo que se nos muestra son instantes cotidianos con diálogos en la cama, en mesas llenas de platos y botellas verdes de soju y en exteriores invernales que son los más propicios para reflejar el estado de esta pareja. Los dos se entienden muy bien pero las inseguridades sobre su futuro le pesan tanto como la certeza de no querer ser como sus padres. Por lo demás, los contrapuntos de las dos madres y los dos padres resultan perfectos para enmarcar una relación que se consolida en un momento crucial de la vida. Todo está muy bien contado y es más que interesante, pero esa escena final en la que la pareja duda en Nochevieja sobre el rumbo que tomar es el cierre perfecto para una película cuya sencillez es tan grande como su calidad. Habrá que seguir la pista a Kim Dae-hwan. Por el momento ya le deseo lo mejor en este festival.

El futuro que viene

de Constanza Novick. Argentina, 2017. 84’.
17 de noviembre de 2017. Centro Municipal Integrado Pumarín, 55º Festival de Cine de Gijón (sección oficial).

Romina y Flor en tres momentos de sus vidas. Su amistad adolescente, sus primeras relaciones estables y el momento en que sus hijas ya tienen la edad que ellas tenían cuando empezaron a ser amigas.

Como siempre, Dolores Fonzi está estupenda en esta historia sobre una amistad en femenino variable. También lo está Pilar Gamboa en ese papel más inestable, pero no menos interesante. La relación entre los dos personajes hace grata una película que resulta correcta, pero que podría arriesgar más. Como retrato amable de esos instantes singulares que jalonan una amistad no está nada mal. Pero uno esperaba más de la película elegida para abrir un festival que tiene una bien merecida fama de rendir homenaje al cine independiente.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Angélica. Una tragedia

de Manuel Fernández-Valdés. España 2016. 83’.
16 de noviembre de 2017. Centro Niemeyer, Avilés.

Angélica Liddell prepara una obra que estrenará en Viena. Asistimos a distintos momentos de los ensayos en una sala con espejos. La vemos interpretar y dirigir. O interpretarse y expresarse, porque en lo que hace no hay distancia entre ella y el personaje. Ni entre su forma de entender el teatro y una performance escénica con texto.

Me encanta el teatro. Me encanta el cine. Y me encanta el cine que trata sobre el teatro. Así que esta película ha sido un bonito regalo en esta semana tan especial en la que celebramos los 25 años del Palacio Valdés. Los primeros minutos ya justifican sobradamente la película. En ellos Angélica hace mucho más que un monólogo. El suyo es un torrente de dolor y angustia expresado con palabras conmovedoramente viscerales. Cuando acaba y se sienta apetece levantarse y aplaudir. Así de intensa es esa escena en la inigualable pantalla de esta sala. El resto de la película nos muestra a una Angélica dulce en los ensayos, rigurosa y apasionada en todo lo que crea, pero también agónica y torturada en esos diarios escritos que vemos intercalados en la pantalla en blanco. La película termina en Viena. Con la imagen fija de las variaciones de iluminación del escenario preparado para el estreno. Y uno piensa que sería estupendo poder ver esa obra. Pero Angélica decidió cambiarla, así que apenas ha existido más que en esta película. Y no es poco. Ojalá que programar películas relacionadas con el teatro se convierta en una costumbre aquí. Propongo una reciente: Los comensales de Sergio Villanueva. Sería un gusto poder asistir a esa comida con Sergio Peris-Mencheta, Juan Diego Botto, Quique Fernández, Silvia Abascal y Denise Despeyroux.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Una guerra

de Tobías Lindholm. Dinamarca, 2015. 115’.
15 de noviembre de 2017. Centro Cultural Valey, Piedras Blancas. V.O.S.

Un comandante danés tiene a su cargo el control de una zona en la que presionan los talibanes. La protección de sus soldados y la defensa de los civiles se hace muy difícil. Especialmente durante un asedio en el que, para salvar a un soldado herido, ordena el bombardeo de un objetivo en el que no había confirmado la presencia de atacantes.

Las imágenes ásperas y naturalistas de la cotidianidad militar en Afganistán y la de la familia en Dinamarca se van sucediendo hasta el incidente en el que mueren once civiles. A partir de ahí la película entra en territorios morales sobre la culpa, la familia, el deber y las leyes que no es frecuente encontrar en el cine bélico americano. El distanciamiento con que Linhdholm nos presenta la situación es el oportuno para que cada cual saque sus conclusiones. Habrá quien empatice con ese comandante al que no abandona la culpa aunque sea declarado inocente y, por tanto, considere piadosa la mentira que le salva. Y es que la presión de las situaciones de guerra coloca a las personas ante conflictos insoportables. Pero más que discutir sobre la salida a esos dilemas, habría que pensar si no es la propia guerra (y la dieta de cine bélico que hemos recibido desde niños) lo que deberíamos considerar insoportable. La anestesia moral comienza cuando se acepta que hay circunstancias en las que las algunas muertes pueden resultar inevitables. El acierto de Tobías Lindholm, además del tono formal de su película, es hacernos pensar en todo esto.

sábado, 11 de noviembre de 2017

La librería

de Isabel Coixet. España, 2017. 105’.
11 de noviembre de 2017. Cines Ocimax, Gijón.

En un pueblo costero inglés una viuda tenaz consigue abrir una librería. Tiene en contra a la gente bien del lugar, así que su éxito inicial no durará mucho.

Bien british. Todo un repertorio de gestos y ademanes de la Inglaterra de mediados del siglo pasado. Pero nada más. Solo unos personajes bien interpretados pero construidos de forma simple y maniquea en una historia demasiado esquemática. Eso y la esperable elegancia en encuadres y ambientes es lo que encuentro en la primera película en que Isabel Coixet me defrauda. Las librerías suelen ser lugares deliciosos y, aunque difícil, es estupendo que se abran en los pueblos. Pero esa idea no puede ser el principal valor de una historia. En el caso de esta quizá haya otro añadido: el de suponer que si el pueblo y los personajes son ingleses (y los actores también) la cosa será mejor. Si en vez de llamarse The Old House Bookshop y estar en la costa inglesa la viuda fuera de Murcia y su negocio fuera La Librería de la Casa Vieja me temo que las críticas serían diferentes.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Colosal

de Nacho Vigalondo. EE.UU. 2016. 109’.
9 de noviembre de 2017. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

La relación de Gloria con su novio se ha deteriorado. Él le reprocha que beba y que lleve una vida indolente. Así que deja Nueva York y regresa a la ciudad en la que nació. Allí comienza a trabajar en el bar de un amigo de la infancia. La cosa se complica cuando un inmenso monstruo y un megarobot aparecen en Seúl con los mismos movimientos que Gloria y su jefe hacen en el pequeño parque en que les sucedieron algunas cosas cuando eran niños.

Una fábula doble. Por un lado, una historia sobre una mujer vulnerable que se debate entre el juicio constante de su pareja neoyorquina y la presión de quien fue un amigo desleal en la infancia. Por otro, la contienda de esos megamonstruos que aterrorizan a los coreanos y que a ella le permitirán al final (lo mejor de la película) ajustar cuentas y liberarse. Hay un tercer hombre que no la presiona y con el que quizá Gloria podría tener una vida que hiciera honor a su nombre.

martes, 7 de noviembre de 2017

En la Vía Láctea

de Emir Kusturica. Serbia, 2016. 125.
7 de noviembre de 2017. Casa de la Cultura, Avilés.

En medio de la guerra un lechero medio loco se enamora de una mujer que acaba de llegar a su pueblo. A ella la buscan los soldados, así que los dos huirán por el campo. La cosa termina mal para ella. Al él lo vemos quince años después subiendo piedras a una montaña.

La estupenda Words with Gods que vi hace tres años en el festival de Gijón incluía un corto de Kusturica que casi coincide con la parte final de esta película. Es una lástima que lo haya alargado en esta fábula con animales que parece rendir tributo a Berlanga, a Pasolini y hasta a Buñuel. Pero En la Vía Láctea acaba siendo una historia desquiciada en la que sobra casi todo el metraje.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Blade Runner 2049

de Denis Villeneuve. EE.UU., 2017. 163.
6 de noviembre de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

Treinta años después se han sucedido nuevas generaciones de replicantes. Uno de ellos descubre un secreto que podría borrar sus diferencias con los humanos. Y es que quizá alguno (o alguna) haya sido engendrado y no fabricado. Así que Joe busca a Rick, el replicante que huyó con Rachel hace ya treinta años.  

Tratándose de Denis Villeneuve, no podía dejarme indiferente este regreso a un futuro que es icónico desde hace mucho tiempo. La expresiva contención de Ryan Gosling resulta tan atractiva para perfilar al nuevo protagonista como la que tenía en su momento un Harrison Ford al que también vemos interpretando su clásico personaje en el tramo final de la película. Las lecturas de la historia no me interesan mucho. Desde luego, bastante menos que las que Villeneuve sugiere en su reciente La llegada. Pero sí me cautiva esa estética prodigiosa con la que vuelve a demostrar la fuerza que pueden tener una fotografía con notables deslizamientos hacia el rojo (por momentos me recuerda las cautivadoras atmósferas de Enemy) y unos paisajes urbanos y periurbanos más que notables. Así que ni las interpretaciones, ni la potencia expresiva de esos mundos futuristas (y también retro), ni los sonidos y músicas que los acompañan en estas casi tres horas de cine fantástico, me hacen añorar en ningún momento aquel mundo de replicantes que inauguró Ridley Scott. Por lo demás, lo que sugiere sobre el futuro esa novia virtual de Joe (próxima a los entes amorosos de la estupenda Her de Spike Jonze) me interesa bastante más que la metafísica de los androides. A ellos no les auguro más problemas existenciales que los que ya han tenido en el cine.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Os días afogados

de César Souto Vilanova y Luis Avilés Baquero. España, 2015. 84’.
5 de noviembre de 2017. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Hace veinticinco años comenzó a llenarse el embalse de Lindoso que dejó bajo las aguas al pueblo de Aceredo en Orense. Algunos años antes se empezaron a filmar imágenes de video con la voluntad expresa de dejar testimonio de aquel lugar y aquellas gentes antes de que todo desapareciera. Ahora las vemos intercaladas con otras del presente.

Con un pulso narrativo muy adecuado y sacándole el mejor partido a esas grabaciones antiguas estupendamente intercaladas con las actuales, César Souto Vilanova y Luis Avilés Baquero construyen un documento que no es solo una historia local sino un testimonio impresionante sobre el vértigo que da pensar en cualquier paisaje ahogado para siempre. Aunque mereció menos atención en los medios, este pequeño pueblo gallego desapareció en la misma época que Riaño. A mi me resulta especialmente próximo el caso de Granadilla que perdió bastante antes sus tierras y sus gentes. También ese puente del Cardenal  que cada año veo reaparecer en Monfragüe. Y hace apenas dos meses pude conocer de primera mano los efectos en una gran ciudad de un cambio tan radical como el que supuso para Encarnación (que ahora es una ciudad curiosamente insular en el corazón de América) la construcción de la gran presa binacional de Yacyretá sobre el río Paraná. La desaparición de los espacios de la memoria es un drama humano que debe ser muy difícil superar. Eso es lo que muestra muy bien esta contenida y conmovedora película.

jueves, 2 de noviembre de 2017

El tercer asesinato

de Hirokazu Kore-Eda. Japón, 2017. 124’.
2 de noviembre de 2017. Cines Los Prados, Oviedo.

Un hombre mata a otro y luego quema su cadáver. Se ha confesado culpable, así que su nuevo abogado solo podrá defenderlo buscando motivos distintos a los del robo para lo que ha hecho. La mujer y la hija del hombre asesinado tienen bastante que ver con lo sucedido. Al principio el abogado solo se preocupa por la estrategia para la defensa. Pero al final querrá saber la verdad. Y no será fácil.  

Nadie sabe. Ese era el título de la primera película que vi de Kore-Eda. Y también podría ser el de esta última porque trata precisamente de eso, de la verdad y de la dificultad para determinarla cuando afecta a la vida de los seres humanos. Con El tercer asesinato este cineasta japonés, del que hace tiempo que me declaré devoto, parece alejarse de las historias sobre la textura de las relaciones familiares para adentrarse en un ámbito completamente nuevo, el del thriller judicial. Pero lo hace rompiendo las reglas del género. Sustituyendo la agilidad y la tensión propias de este tipo de historias por una parsimonia y una atmósfera que resulta especialmente propicia para esos momentos reflexivos de los que está trufado un guión impecable que, como en el buen teatro, casi apetece leer además de verlo convertido en película. El cine judicial suele partir de la premisa de que hay una verdad que permanece oculta hasta que es descubierta por la inteligencia y el empeño de algún protagonista o al menos por el espectador. Pero Kore-Eda no pretende desvelarnos nada. Más bien al contrario. Hace que problematicemos la densidad ontologia de las verdades en las que creemos. También las que vemos al comienzo de una historia como esta. Y es ahí, en la duda, donde nos quiere situar el director. En ese juego de espejos entre verdad y apariencia que preside los encuentros entre el abogado y su defendido en esos magníficos planos en los que el cristal que los separa (y su transparencia) parece desaparecer o se convierte en un dispositivo que para sus discursos se superpongan ante nosotros. El tercer asesinato (quizá también el de nuestras certezas) es una joya cinematogrática. Por su planteamiento formal y por el relato reflexivo que contiene. Otra más en la extraordinaria trayectoria de Kore-Eda.

Amanda Coogan: Long Now

de Paddy Cahill. Irlanda, 2017. 60’.
2 de noviembre de 2017. Centro Niemeyer, Avilés. V.O.S.

Una mujer hierática con variaciones mínimas en el gesto. A veces vestida de rojo. Otras de azul. También de amarillo. Contemplarla es hipnótico y a su alrededor genera expectación y silencio. Como si fuera una diosa o un extraño ser procedente del mundo de los sueños.

Trece minutos con un plano fijo del rostro y la mano de una mujer que apenas se mueve. Así comienza este documental sobre Amanda Coogan y sus performances duracionales. La vemos mientras las realiza en la galería RHA de Dublín. Y también deambulando lentamente por el interior de la cúpula y sobre la marquesina de este centro. Las performances que vemos son las mismas que se muestran en la exposición que ahora le dedica el Centro Niemeyer. Ella estuvo hace tres semanas aquí y durante una jornada realizó una de ellas. Ahora ha vuelto para presentar este documental junto a su director y el domingo cerrará la exposición realizando otra performance en la cúpula. Es un arte extraño y minoritario, como la propia película que lo documenta. En el coloquio que siguió a la proyección la artista irlandesa puso de manifiesto lo encantada que está con poder mostrar su trabajo en un espacio arquitectónico tan fascinante como este.

Mil. Con esta ya son mil las películas que he reseñado en este blog que dentro de cinco días cumplirá cinco años. Me encanta haber llegado a esa cifra precisamente aquí, en el cine del Niemeyer.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Handía

de Jon Garaño y Aitor Arregi. España, 2017. 114’.
1 de noviembre de 2017. Cines Golem Alhóndiga, Bilbao. V.O.S.

Durante la primera guerra carlista un padre guipuzcoano tiene que decidir cuál de sus hijos va a la guerra. Será Martín que vuelve con un brazo inútil tras recibir un disparo en el campo de batalla. Cuando regresa al caserío su hermano Joaquín se ha convertido en un gigante. Handía, así se dice en euskera y así quiere él que le llamen en las ferias y espectáculos en los que se exhibe por Europa.

En esta fugaz escapada a Bilbao para visitar algunas exposiciones (magnífica la retrospectiva de Bill Viola en el Guggenheim y muy agradable la de la colección de Alicia Koplowitz en el Bellas Artes) nos encontramos con que podemos ver Handía en versión original en los Golem de la Alhóndiga (que afortunados son los bilbaínos teniendo un lugar como este). Así que no nos hemos perdido matices de la película como que el gigante solo hablaba euskera y hemos podido conocer el significado de su título conversando con una amable espectadora que nos lo explicó a la salida. Magníficamente ambientada, Handía es un relato con cierta voluntad poética sobre la vida de aquel grandullón que nació en Guipúzcoa hace casi dos siglos. Es una película de atmósferas y sentimientos que nos muestra una intrahistoria peculiar en los tiempos y los espacios en que se forjó el carlismo cuando todavía no era un mito. Pero el gigante no es el único protagonista de esta hermosa historia. Lo es también la intensa relación fraternal que tiene con Martín, ese hermano que renuncia a su sueño americano para acompañarlo en unos espectáculos que ahora parecerían pateticos, pero que la película sabe presentar de forma conmoverora. Está claro que quienes hicieron Loreak no han perdido aliento poético y han sabido contarnos, con el tono más adecuado, una singular historia radicalmente local que, quizá por eso, se hace tan interesante.

domingo, 29 de octubre de 2017

The Nile Hilton incident

de Tarik Saleh. Suecia, 2017. 106’.
29 de octubre de 2017. Teatro Carrión, 62º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Un policía moderadamente corrupto debe investigar la muerte de una cantante en un hotel de El Cairo. El asunto salpica a un potentado local, así que el caso pronto se declara cerrado. Pero el policía sigue haciendo averiguaciones y la cosa se va complicando. Todo sucede en los momentos previos a aquella intensa primavera árabe.


The Nile Hilton incident, la película que ha conseguido la Espiga de Oro en esta edición de la Seminci, termina donde comenzaba la magnífica Eshtebak de Mohamed Diab que vimos aquí el año pasado y que, a mi juicio, también la merecía  sobradamente.  Tarik Saleh demuestra que en una comisaría egipcia y con un inspector con carácter se puede hacer una película policiaca con tanto interés como las mejores estadounidenses. O más. Porque las calles de Nueva York, Chicago o San Francisco las tenemos muy vistas y la plaza de Tahrir o el Nilo resultan escenarios cuanto menos originales. Como también lo es el contexto social e histórico en que se desarrolla una película para la que una joven sudanesa y una cantante tunecina son tan relevantes como el trasfondo político hacia el que apunta la historia. No sé si habrá sido la mejor de la sección oficial, pero el premio no me parece inapropiado. Este año hemos visto nueve películas de la Seminci y la verdad es que nuestra selección no ha sido mala. Volveremos.

El rastro

de Agnieszka Holland. Polonia, 2017. 128’.
29 de octubre de 2017. Teatro Carrión, 62º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Janina vive feliz en el bosque con sus dos perras. Adora a los muchísimos animales que hay en el lugar y odia a los cazadores que no dejan de matarlos. Pero cuando uno de sus vecinos aparece muerto y sus dos perras desaparecen las cosas cambiarán para ella. Y para las gentes de la zona, porque las muertes de cazadores se van sucediendo.

Un estupendo thriller ecológico con unas imágenes poderosas de una naturaleza pletórica. El discurso animalista está presente en toda la historia. Y la película se mueve entre el territorio de lo verosímil propio de las películas de intriga y el fantástico, como corresponde al mundo de una protagonista que antes fue ingeniera y ahora es especialista en horóscopos y defensora de los animales. El premio a la mejor actriz que Agnieszka Mandat-Grabka ha recibido por este papel es bien merecido. Pero la película de Agnieszka Holland también por lo que cuenta y por la manera en que compone el relato. El tramo final me ha hecho pensar en algunos pasajes de Bosques, uno de los textos de la tetralogía teatral de Wajdi Mouawad. Así que creo que no hay mayor elogio.

Jeune femme

de Léonor Serraille. Francia, 2017. 97’.
29 de octubre de 2017. Teatro Carrión, 62º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Paula se queda en la calle con el gato. La ha echado de casa el hombre con el que ha estado viviendo durante diez años. Su vida queda a la deriva y malvive de cualquier modo hasta que consigue una buhardilla a cambio de cuidar a una niña. También un trabajo de dependienta en una tienda de lencería. Al final, el fotógrafo con el que vivió quiere que vuelva y a ella su embarazo la hace dudar. Pero solo por un momento. Un negro estupendo que también trabaja en la tienda le hace ver que hay hombres mucho mejores.

No niego que Laetitia Dosch hace un buen trabajo y que seguramente puede merecer el premio a la mejor actriz que ha compartido con Agnieszka Mandat-Grabka (la protagonista de El rastro). Pero a mi su personaje me resulta muy poco grato. Reconozco que su singularidad es precisamente que no se hace querer (en eso me recuerda un poco al de Frances Ha de Noah Baumbach), pero no consigue conmoverme. Por lo demás, creo que la película mejoraría si hubiera mantenido omitido al personaje masculino que explica esta deriva femenina tan singular. Y es que como ocurre tantas veces, también en esta historia menos es más.

sábado, 28 de octubre de 2017

Hoy partido a las tres

de Clarisa Navas. Argentina, 2017. 97’.
28 de octubre de 2017. Teatro Zorrilla, 62º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección Punto de encuentro).

Unas chicas correntinas van a jugar un partido. Son las Indomables y participarán en un torneo que debería comenzar a las tres. Vemos la forma en que se preparan, los prolegómenos de un encuentro que nunca comienza y finalmente la contienda que tras la lluvia se resuelve a penaltis. Política local, pasión juvenil, relaciones eróticas en femenino plural y también bastante fútbol son las cosas que podemos contemplar cuando hay partido a las tres.   

Naturalismo inmersivo en el lodazal futbolero. Radicalmente periférico. En el norte argentino que casi linda con esas tierras paraguayas de misioneros que pude conocer hace dos meses. Como algunas de Guerín, la película de Clarisa Navas es un documental que apenas lo parece. No nos cuenta mucho pero nos muestra todo. La intrahistoria de una forma de estar en la vida en la que ser mujer y jugar al fútbol acaba pareciendo lo más natural del mundo. Y antes de la proyección de este singular largometraje que responde muy bien al nombre de su sección, otro cortometraje de animación bastante coherente con uno de los temas de la película: J'e aime les filles, de Diane Obomsawin, un interesante retrato de algunas parejas de chicas que se aman.

Sweet country

de Warwick Thornton. Australia, 2017. 112’.
28 de octubre de 2017. Teatro Carrión, 62º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Un aborigen mata en defensa propia a un hombre blanco. Cuando lo hace no sabe que el tipo había violado a su mujer mientras él le ayudaba a reparar su granja. El aborigen huye con ella y quienes los buscan no consiguen darles alcance. Pero al saber que su mujer está embarazaba decide entregarse. A pesar de vivir en un lugar remoto tendrá un proceso justo con un juez honrado. Finalmente es declarado inocente, pero a algunos lo que digan los jueces les importa muy poco.

Podríamos considerarlo un estupendo eastern. Y es que es un western de maneras muy clásicas en la lejana Australia. El racismo no es contra los negros (como le encanta a Tarantino), sino contra unos aborígenes que allí sufren como ellos. La historia está magníficamente contada en tres tiempos: los incidentes en las granjas, la persecución y el juicio. También hay un cruel epílogo para una historia poderosa que, además de soberbios paisajes, tiene unos personajes muy bien perfilados. No sé como habrá estado en general el nivel de la sección oficial pero tanto ayer L'insulte como hoy este Sweet country bien podrían merecer alguna Espiga. Antes de la proyección pudimos disfrutar con el bonito cortometraje de animación (otro más) Hedgehog's home, de Eva Cvijanovic que nos cuenta en verso un cuentecito sobre un erizo hogareño al que invita a cenar el zorro y al que no comprenden ni el lobo ni el oso ni el jabalí.

Foxtrot

de Samuel Maoz. Israel, 2017. 114’.
28 de octubre de 2017. Teatro Carrión, 62º Semana Internacional de Cine de Valladolid (sección oficial). V.O.S.

Una familia israelí recibe la noticia de que su hijo ha muerto. Pocas horas después les dicen que fue un error y que el soldado fallecido era otro. El padre tiene una crisis y exige que le traigan cuanto antes a su hijo. A continuación vemos al joven soldado y a sus compañeros en un control de frontera en el que tienen una misión aburrida. Hasta que un desafortunado incidente hace que disparen contra un coche. El padre y el hijo tenían una relación especial que se muestra con unas imágenes de animación en las que los dibujos del hijo explican los temores del padre. Finalmente resultarán justificados porque cuando el hijo está volviendo a casa sucede lo más terrible. Lo vemos justo después del reencuentro entre ese padre y esa madre para los que después de aquello la vida resulta insoportable.

En el baile del Foxtrot se vuelve siempre al lugar de partida. Y en la tragedia de Edipo el mal se consuma precisamente por querer evitarlo.  Así de honda y de trágica es esta singular historia contada en cuatro tiempos y con cuatro caligrafías cinematográficas. Una historia a veces barroca que se recrea en todo tipo de recursos, incluidos los encuadres mas efectistas. Otras veces es commovedora e intimista como en ese reencuentro final entre el padre y la madre. Así que este Foxtrot israelí podría llevarse alguna espiga sin ningún problema. Antes de este singular viaje a territorios israelíes pasamos por Tokio para conocer en el cortometraje Signature de Kei Chikaura las cuitas de un chino dispuesto a decir y a firmar cualquier cosa con tal de trabajar en Japón.