sábado, 16 de septiembre de 2017

Detroit

de Kathryn Bigelow. EE.UU., 2017. 143’.
16 de septiembre de 2017. Parqueastur, Corvera.

En 1967 la tensión racial arde en Detroit. Represión policial, saqueos, toque de queda y soldados en las calles. Alguien dispara en la noche y unos policías asaltan un hotel en busca de un posible francotirador. Allí aterrorizan a unos jóvenes. La mayoría son negros, pero también hay dos chicas blancas y eso no entra en la cabeza de estos policías racistas y violentos. Tras una noche de brutalidad insoportable acaban matando a tres jóvenes negros.

Tres películas en una. Una abierta y con ese tono de reporterismo bélico que hizo tan atractivos los anteriores trabajos de Bigelow que hemos visto aquí (En tierra hostil y La noche más oscura). Otra opresiva y concentrada en lo que pasó en el hotel con una tensión que parece propia del cine de Haneke. Y la tercera, de maneras más convencionales, nos muestra qué fue de aquellos chicos después de esa noche. En la primera parte Bigelow nos hace presenciar, con la intensidad que deben sentir los reporteros, lo que sucedió aquel verano de hace medio siglo en Detroit. Recorremos las calles pero todavía no hay personajes ni trama. Apenas algunos esbozos que luego se perfilarán en esa noche terrible en que dejaremos de ser reporteros para sentirnos con las manos en la pared a merced de ese sádico poder policial. Y es que, como queda claro en la tercera parte, Bigelow nos presenta aquella brutalidad lejana e impune para hablarnos también del presente. De una tensión racial no resuelta que sigue desatando conflictos en las calles de un país que ha sido capaz de sustituir a su primer presidente negro por un tipo detestable al que adoran los supremacistas blancos. Detroit se une a la serie de excelentes películas (Moolight de Barry Jenkins, I am not your negro de Raoul Peck, Loving de Jeff Nichols o Fences de Denzel Washington) que, con distintos tonos y estilos, han  abordado en el último año la naturaleza de ese drama americano que, hace ya cincuenta y cinco años, llevó magistralmente a la pantalla Robert Mulligan en Matar a un ruiseñor.

sábado, 9 de septiembre de 2017

El amante doble

de François Ozon. Francia, 2017. 107’.
9 de septiembre de 2017. Cines Ocimax, Gijón.

Cloe tiene dolores en el vientre pero los médicos no le encuentran nada. Así que va a la consulta de un psiquiatra con el que acaba conviviendo. También tendrá encuentros con otro que es idéntico a él. Son dos hermanos gemelos que comparten un pasado dramático. Como el de ella, que también explica lo qué le pasa en el vientre y en la mente.

Marine Vacth tiene una belleza modélica y la cámara de Ozon lo sabe (al menos desde que se prendó de ella en Joven y bonita). Eso y algunos atrevimientos visuales (duplicidades, espejos, simetrías y unas exposiciones muy chulas en el museo) son lo único salvable de la película. Y es una lástima porque la idea de que un gémelo fallido puede condicionar una vida podría haber dado bastante juego (de hecho, está en el arranque de un texto teatral tan extraordinario como Bosques, el tercero de la impresionante tetralogía de Wajdi Mouawad). Me pregunto cómo es posible que el director de En la casa o Frantz ha podido hacer una cosa tan mala como esta. Puede ser que en El amante doble también haya un director doble. Quizá otro Ozon, hermano gemelo de François pero más torpe, es quien ha dirigido esta película.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Ana, mon amour

de Calin Peter Netzer. Rumanía, 2017. 127’.
6 de septiembre de 2017. Cines Los Prados, Oviedo.

Una historia de amor y desamor de una pareja rumana. Los dos se llevan mal con sus padres y eso aún les une más. También les unen los ataques de angustia que Ana padece y que la hacen tan dependiente de Toma. Se casarán, tendrán un hijo, y pasarán mucho tiempo en divanes de psicoanalistas. Primero irá ella. Después lo hará él. Cuando Ana deje de ser una mujer débil y dependiente y se convierta en otra. Una muy segura de si misma y consciente de que ya no quiere ni necesita a Toma.

Viendo Ana, mon amour me he acordado de otras dos películas muy buenas: Blue Valentine de Derek Cianfrance y Una vida, la última de Stéphane Brizé que vi hace un par de semanas en Buenos Aires. Las tres retratan con mucho estilo amores intensos y luego desfallecidos. Y las tres lo hacen con una singular forma de poner la cámara y de componer, a partir de instantes fragmentarios, historias tremendas y reconocibles. De Calin Peter Netzer vi hace tres años aquella intensísima y sobrecogedora Madre e hijo que también nos mostraba afectos dislocados con el trasfondo de los cambios recientes en una Rumanía que parece haber pasado de la tristeza comunista a la riqueza que la entrada en Europa ha debido deparar a algunos. Además de saber contar bien una historia desde una proximidad casi agobiante, Netzer hace dos cosas muy especiales en esta película: dar la vuelta a los habituales roles de los géneros en las rupturas amorosas e incluir al psicoanálisis como una pieza fundamental del relato. Primero como elemento y subtexto. Luego como discurso hermenéutico en ese singular diálogo final en el que Toma y el psicoanalista no solo cierran la historia, sino que casi la interpretan desde dentro.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Barry Seal: El traficante

de Doug Liman. EE.UU., 2017. 114.
3 de septiembre de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

Barry Seal era un piloto de líneas aéreas pero su pericia lo llevó a convertirse en traficante. Primero de fotografías e informes y luego de drogas y armas. Así que sus viajes en avioneta le fueron muy útiles a la CIA para armar a la Contra en Nicaragua, para mantener la trama con Noriega en Panamá y también para que los del Cartel de Medellín pudieran exportar sus productos a Estados Unidos. Un tipo muy útil para que Reagan siguiera haciendo daño a los países que consideraba como el patio trasero del suyo.

Autograbaciones de supuestas cintas de video testimoniales se intercalan con imágenes trepidantes sobre lo que este piloto atrevido y optimista hizo en los años ochenta. Siempre con esa alegre ingenuidad del americano que piensa que todo le va a salir bien. Una película muy bien interpretada por Tom Cruise que, además de entretener mucho, da que pensar bastante sobre las maneras de aquel tiempo en que los americanos tuvieron un presidente que había sido actor. Y que, igual que este piloto, se reía mucho.

sábado, 26 de agosto de 2017

El pampero

de Matías Lucchesi. Argentina, 2017. 77'.
26 de agosto de 2017. Espacio INCAA Gaumont, Buenos Aires.

Un hombre maduro lo deja todo y se va a Puerto Madero para huir en su barco, quizá para siempre. No sabe que en él se ha escondido una chica que necesita llegar a Uruguay. El hombre intenta estar solo para afrontar su muerte, que parece próxima. La chica huye de la escena de un crimen que acaba de presenciar. Es un encuentro involuntario que resultará reparador para los dos.

Tras el largo paseo de esta mañana disfrutando de cosas que me gustan en Buenos Aires (tomar un café hojeando un libro en el escenario del Ateneo Grand Splendid, recorrer tranquilamente las estupendas exposiciones del Malba...), esta tarde he podido tomar un velero en Puerto Madero y acabar en la costa uruguaya después de haber pasado por Tigre. Es una de esas cosas estupendas que pueden pasarle a uno si entra en una sala de cine con programación tan envidiable como las del INCAA del Gaumont. Los intérpretes de El pampero están estupendos y la historia tiene fuerza y contención. Solo me sobran los momentos que escoran hacia el thriller con el extraño comportamiento de ese policía fluvial. Por lo demás, la tarde seguirá muy bien. Antes de ir a Timbre 4 veré atardecer desde lo alto del edificio Barolo. Aquí mismo, en la Avenida de Mayo. Con Buenos Aires a mis pies.

Monger

de Jeff Zorrilla. Argentina, 2016. 72.
26 de agosto de 2017. BAMA Cine Arte, Buenos Aires. V.O.S.

Un tejano que vive en Buenos Aires hace de guía turístico y de conseguidor de contactos sexuales. Un compatriota suyo recorre el mundo coleccionándolos y reportando sus experiencias a sus seguidores virtuales. Y un británico que tuvo un hijo con una argentina sigue en esta ciudad para no separarse de él.

A pesar de lo poco grato de los personajes (sobre todo el primero), cada uno de ellos podría dar para una película interesante. Pero al no profundizar en ninguno Monger se queda muy lejos de aquella inmersión en los encuentros de la noche porteña a los que nos hizo asistir Eduardo Castro con su impresionante La noche. Al menos he podido conocer el BAMA (Buenos Aires Mon Amour), un cine con una programación estupenda al lado de Obelisco.

viernes, 25 de agosto de 2017

Una vida

de Stéphane Brizé. Francia, 2016. 119.
25 de agosto de 2017. Patio Bullrich (Cines Atlas), Buenos Aires. V.O.S.

Una mujer, una vida. Así se titula en Argentina esta historia basada en la de Guy de Maupassant. La vida es la de Jeanne,  hija única y feliz de una familia de la aristocracia rural francesa de comienzos del XIX. Sus recuerdos de juventud contrastan con los que le han deparado los dos hombres que ha querido. Un marido adúltero y un hijo cuyas deudas la han arruinado.

Stephane Brizé no me defrauda. Este hiperrealista cuyo estilo me recuerda al de Jaime Rosales ha decidido abandonar la cotidianidad emotiva del presente, que tan espléndidamente radiografió en Quelques heures de printemps y en La ley del mercado (las dos protagonizadas por un Vincent Lindon magnífico), para trasladar su mirada al siglo XIX. Y lo hace componiendo una película que parece ser en cierto modo un puzle de los instantes y recuerdos que componen una vida. Gestos luminosos o amargos, breves conversaciones, sonidos naturales, evocaciones estivales o invernales, faenas en el campo y momentos de intimidad interior. Todo eso va construyendo la historia contenida y triste de esta mujer. La vida nunca es tan buena o tan mala como se la imagina. Se lo dice la amiga al final de esta historia que tiene de las dos cosas. Porque no parece imaginada, sino mostrada por este maestro del naturalismo que es Stéphane Brizé, un director que me ayuda a reconciliarme con el cine francés. Así que ha sido otro reencuentro muy grato en este Patio Bullrich que tanto me gusta. En esta sobremesa, además de ver buen cine, me he librado de la tormenta con que me ha recibido hoy Buenos Aires. Pasaré aquí un par de días antes de comenzar la intensa (e interesante) semana de trabajo en Paraguay.

sábado, 19 de agosto de 2017

La seducción

de Sofía Coppola. EE.UU., 2017. 91.
19 de agosto de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

Durante la Guerra de Secesión un soldado herido es acogido en un pequeño internado en el que solo hay mujeres. Mientras se va restableciendo, algunas sienten atracción por él. Pero al final las cosas terminan mal.

De Sofia Coppola siempre espero una manera singular de contar las historias y una ambientación muy cuidada. La seducción no me defrauda. No será una de sus mejores películas pero, contando con Nicole Kidman y el liderazgo que su personaje ejerce en esa comunidad femenina, Sofía Coppola consigue componer un relato muy interesante. Esa casa sureña en la que se forja  el carácter femenino y ese bosque tupido desde el que se oyen los sonidos de la guerra son los escenarios de una historia que tiene algo de cuento moral sobre la insularidad de las relaciones humanas.

miércoles, 16 de agosto de 2017

La decisión del rey

de Erik Poppe. Noruega, 2016. 133. 
16 de agosto de 2017. Cines Van Dyck, Salamanca.

En la primavera de 1940 los alemanes ocupan Noruega. Y el rey debe decidir si, como hizo su hermano en Dinamarca, acepta sus condiciones o, asumiendo el coste de una guerra desigual, mantiene la dignidad de una monarquía democrática.

Y el rey optó por lo segundo. Eso es lo que vemos en esta película en la que le seguimos en aquella travesía por Noruega con la que él y su gobierno lograron poner a salvo lo que su figura representaba. Con su cámara en mano Erik Poppe nos hace partícipes de la intimidad del rey, la familiar y la política, y consigue construir un relato interesante sobre un episodio histórico crucial del que los noruegos no han tenido que avergonzarse. Así que ha sido otra tarde grata de buen cine en los Van Dyck de Salamanca. Hoy recordamos otra en la que coincidimos aquí con el maestro Basilio Martín Patino, ese cineasta grande y humilde que nos dejó esta semana. Este país tiene con él una gran deuda. Por no haber sabido reconocer el valor de su obra cinematográfica ni su esfuerzo por mitigar la amnesia sobre nuestra historia. En Salamanca deja, además, un hermoso legado sobre las viejas tecnologías cinematográficas que se llama Artilugios para fascinar. Esta mañana lo visitábamos en la sede de la filmoteca.

martes, 15 de agosto de 2017

Abracadabra

de Pablo Berger. España, 2017. 96’.
15 de agosto de 2017. Multicines Béjar, Béjar.

El primo de Carmen hipnotiza a su marido durante una boda.  Él es un garrulo que la trata muy mal, pero al día siguiente de esa sesión parece otro. Concretamente alguien amable y bondadoso que podría hacerla muy feliz. Y es que el espíritu de un chico así se ha introducido en él durante aquella sesión de hipnosis.

Como no podía ser de otro modo, Maribel Verdú y Antonio de la Torre están estupendos en los papeles de esta pareja de Carabanchel que podría ser bastante verosímil. No lo es, ni lo pretende, esta historia dislocada con la que Pablo Berger demuestra una vez más su gran capacidad para crear imágenes poderosas y ambientes sorprendentes. Prueba de ello son escenas tan singulares y atractivas como las de la boda inicial, la del encuentro con la pareja dispuesta al intercambio, la del tipo de la inmobiliaria o la del mono en la grúa. La idea de relacionar una boda con una sesión de hipnosis tiene bastante intención, como también la tienen otros subtextos de una película que es menos banal de lo que parece. Sin embargo, queriendo evitar el obvio final feliz de la esposa quedándose con ese marido ideal hipnotizado, Pablo Berger cierra la historia con algunas cosas cuestionables. Por ejemplo, que el psicótico (o el hombre) con una cara buena ha de tener también otra perversa (el mono y el guiño  musical al 2001 de Kubrick parecen sostener que la masculinidad cafre tiene raíces filogenéticas). O que no se debe confiar en alguien que parece bueno y no hace ahora nada malo: si lo hizo en 1983 es culpable para siempre.

jueves, 10 de agosto de 2017

Las furias

de Miguel del Arco. España, 2016. 125.
10 de agosto de 2017. Teatro Cervantes, Béjar. XXI Semana de Cine Español.

El abuelo era un gran actor y antes de perder la memoria habló a la niña de las furias, esos seres anteriores a los dioses que castigaban los males hechos dentro de la familia. Entre los dos sigue habiendo una complicidad especial que los separa de los demás miembros de esa familia desgarrada. La abuela querría presentarles a sus hijos a esa psicóloga joven y guapa que todos consideran su asistente pero que en realidad es su amante. Pero no se atreve, así que les dice que piensa vender la casa y los invita a pasar unos días juntos en ella. Allí será evidente la tensión entre los tres hermanos y los dramas de cada uno de ellos. La crisis radical de la hermana con su marido, la felicidad con plazo fijo del hermano exitoso que quiere aprovechar la ocasión para casarse con la mujer con la que vive desde hace veinte años y el resentimiendo del hermano menor que sigue viviendo en la casa y se lleva mal con todos. Para la nieta, que contempla lo que pasa desde su lúcidez desquiciada, está muy claro que las furias están acosando sin tregua a esta familia cuarteada.

Un guión magnífico de principio a fin. Desde ese preámbulo que abre la historia conectándola con la teogonía griega hasta ese final hiperdramático pero también catártico y luego esperanzador. De Miguel del Arco ya solo esperamos lo mejor en el teatro (también en proyectos tan extraordinarios como el de Kamikaze en el Pavón). Y ahora también en el cine tras esta estupenda primera película. Las furias es una historia sobre dramas y demonios familiares muy reconocibles. Quizá por eso a los espectadores menos teatreros o menos conocedores de la mitología les pueda sorprender ese subtexto que la acompaña en la que hay no pocas referencias al teatro y a los mitos clásicos. Referencias siempre bien traídas en un guión impecable y más que premiable. Igual que las soberbias interpretaciones de un elenco deslumbrante en el que están que se salen Mercedes Sampietro, José Sacristán, Carmen Machi, Bárbara Lennie, Gonzalo de Castro, Pere Arquillué, Emma Suárez, Alberto San Juan... Y entre ellos también la joven Macarena Sanz, que ya estaba estupenda en el papel de ciega podemita en la reciente Selfie de Victor García León y que aquí borda ese personaje fascinante de la adolescente que todo lo ve y todo lo entiende y que tan magníficamente conecta con el de ese gran actor que interpreta (y es) José Sacristán. Así que uno solo lamenta no haber podido ver antes en salas comerciales una película que tendrá bien merecidos los premios que puedan darle y que vuelve a confirmar lo valiosas que son iniciativas como las de esta Semana de Cine Español en Béjar que se desarrolla en su delicioso teatro Cervantes. Con esta edición ya ha cumplido veintiún años mostrando buen cine. Y brindándonos estupendas noches cinéfilas en algunos de estos días de agosto que acostumbramos a pasar en estas hermosas tierras en que Salamanca ya es casi extremeña.

martes, 8 de agosto de 2017

Villa Touma

de Suha Arraf. Palestina, 2014. 85. 
8 de agosto de 2017. Cines Van Dyck, Salamanca. V.O.S.

Una joven palestina deja el orfanato para vivir con sus tías. Ellas son tres hermanas de alta alcurnia que viven casi aisladas en Villa Touma, un palacete en el que mantienen los modos y maneras propias de la vieja aristocracia cristiana palestina. La chica es la hija del hermano que cometió el error imperdonable de casarse con una musulmana. Ahora deberá adaptarse a los rancios modales con que sus tías esperan poder casarla.

Otra estupenda inmersión en la cotidianidad de unas vidas palestinas. Como la de Asuntos de familia, la magnífica película de Maha Haj que pudimos ver la semana pasada en los cines Groucho de Santander. Hoy vemos Villa Touma en Salamanca, dentro del selecto ciclo que programan cada verano los cines Van Dyck (cuánto me gustaría que en Asturias hubiera unas salas así). Igual que la de Maha Haj, la película de Suha Arraf es otra sorprendente ópera prima que viene a confirmar lo que ya dije a propósito de Asuntos de familia: que en Israel y Palestina hay temas distintos a los de ese conflicto y también cineastas de alto nivel y mirada singular dispuestos a mostrarlos (en este caso dispuestas, porque las dos son mujeres). Villa Touma es una estupenda rareza que nos introduce en la opresiva y curiosa vida de estas hermanas que solo salen a la calle con esa cabeza muy alta propia de unas ilusiones que aún resultan más pretéritas y rancias por el contraste con la recién llegada. Las interpretaciones son sutiles y armónicamente perfectas en una película en la que no importa tanto el desenlace como lo que vamos conociendo de esas vidas extrañas y extrañadas en el pasado. Por lo demás, el plano final nos hace pensar en la posibilidad de otra historia futura que también sería bien interesante.

miércoles, 2 de agosto de 2017

50 primaveras

de Blandine Lenoir. Francia, 2017. 87.
2 de agosto de 2017. Cines Los Prados, Oviedo.

Aurore tiene sofocos, va a ser abuela y ha dejado su trabajo. Por suerte, encuentra a un tipo estupendo. El que había sido su primer amor cuando tenía dieciocho años.

No las soporto. Ni las películas de género ni las generacionales. Y esta va de las dos cosas. Siendo francesa debería estar advertido, pero otra vez he caído en la trampa de las buenas críticas. Mi fobia al aislamiento generacional y al esencialismo de los géneros no es solo en el cine. Detesto los eventos solo de hombres o solo de mujeres, los lugares solo para gente joven o solo para gente mayor. Cada vez me parece más lamentable esta deriva a la que estamos asistiendo en la que parece que la diferencias entre las edades y entre los géneros deben ser tan patentes como aquel muro que nos separaba en el patio de la escuela. Hoy parece que las mujeres y los hombres tienen que cargar necesariamente con sus supuestas condiciones potenciales (que no circunstancias puntuales) de victima o de victimario. Como si fuera probable que todas y todos acabemos siéndolo si no nos protegemos o nos controlamos lo suficiente. Como si para evitar que haya víctimas la mejor estrategia fuera generalizar el victimismo y hacernos todos protectores de las pobres mujeres frente a ese demonio en que se puede convertir cualquier hombre por el hecho de serlo. Yo reniego de todo eso. De suponer que, por defecto, las mujeres han ser protegidas y los hombres reeducados. Si fuera mujer no me gustaría que a priori me consideraran vulnerable solo por serlo. De hecho, la vulnerabilidad no me parece un defecto propio de un género sino una virtud humana bastante compartible y reivindicable. En cuanto a las edades del hombre (y de la mujer) me declaro decididamente intergeneracionalista. Soy de los que piensan que, aunque modulados por el tiempo, ni la mirada ni el pensamiento están determinados por él. Pero no me enrollo más. Solo reitero que esta bobada francesa sobre (y para) la mujer madura (así, en singular y con artículo) está a una distancia sideral de otras historias con las que podría compararse. Por ejemplo, con Gloria, la estupenda película chilena de Sebastián Lelio. Si Blandine Lenoir la hubiera visto no habría hecho esto.

martes, 1 de agosto de 2017

Asuntos de familia

de Maha Haj. Israel, 2016. 90.
1 de agosto de 2017. Cines Groucho, Santander.

Un matrimonio mayor no se soporta. Tampoco le va bien a sus tres hijos la vida en pareja. Uno no tiene nada clara su relación con su majísima novia. La hija embarazada tampoco está bien con ese marido bondadoso que anhela ver el mar y que tiene en casa a una abuela deliciosamente amnésica. Y del hijo que vive en Suecia tampoco llegarán a conocer a su pareja cuando vayan a visitarlo.

Frente a su hijo y en medio de un lago nórdico ese matrimonio mayor acabará haciendo una hermosa declaración de desamor. Y eso es esta magnífica película. Toda una declaración sobre la bondad y la belleza que pueden acompañar el desamor. Para empezar, en el propio contexto en que viven estos palestinos israelíes del que apenas se intuyen más conflictos que los de sus propias vidas. Porque es posible y deseable que el cine muestre historias en las que israelíes y palestinos puedan ser algo más que meros sujetos (activos o pasivos) de ese viejo conflicto. Asuntos de familia es una hermosa historia contada con parsimonioso naturalismo y una pizca de surrealismo. Una película muy bella por el exquisito cuidado que la directora pone en todos los encuadres y por su capacidad para hilvanar un relato cautivador en el que no hay subrayados musicales, ni falta que hacen. Y también por los perfiles humanos que consigue desvelar a través del silencio y la flema de sus personajes. Esos maduros matrimoniados de convivencia ritualizada que ya no se soportan. Esa adorable anciana amnésica, entre felina y paquidérmica, que mirando unas baldosas hace una hermosísima evocación de la infancia. Ese yerno que es feliz como un niño cuando por fin se acerca al mar. Y esa pareja que no lo tiene nada claro hasta que se pone a bailar un tango en una comisaría. Así que en esta jornada en que hemos disfrutado con nuestra primera visita al Centro Botín ha sido una suerte encontrarnos en estos estupendos (y hoy bastante concurridos) cines Groucho con esta magnífica película a la que acompaña en la cartelera nada menos que Verano 1993. Los santanderinos son muy afortunados por tener de nuevo una sala de cine que programa tan bien como esta.

sábado, 29 de julio de 2017

Dunkerque

de Christopher Nolan. EE.UU., 2017. 107.
29 de julio de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

En 1940 cientos de miles de soldados británicos y franceses quedaron aislados en las playas de Dunkerque. Para rescatarlos se usaron todos los medios, hasta pequeñas embarcaciones de los pueblos costeros ingleses. Asistimos a aquellos días cruciales desde la perspectiva de algunos personajes que podrían haberlos vivido: un soldado francés que se une a los británicos para huir, un mando de la marina que dirige la evacuación resistiéndose a la impotencia, un piloto que protege a los barcos enfrentándose a los aviones alemanes hasta quedar sin combustible, un ciudadano inglés que navega por el canal con su hijo y un amigo para traer de vuelta a todos los soldados que puedan. Historias parcialmente cruzadas que pudieron suceder en Dunkerque.

Como hiciera Steven Spielberg en Salvar al soldado Ryan, Christopher Nolan nos mete de lleno en la terrible experiencia de una guerra. Y lo hace con la potencia de unas imágenes y unos sonidos sobrecogedores. En Dunkerque los personajes apenas hablan porque poco hay que decir cuando se está viviendo algo como aquello. Una experiencia terrible que Nolan nos muestra por tierra, mar y aire. En la tierra (o en la arena) al comienzo de la película seguimos al soldado francés con una cámara subjetiva que no puede ser más inmersiva. Desde el aire vemos las hazañas de los aviadores y también el panorama cenital de un drama de dimensiones inconcebibles. Y en el mar sufrimos la incertidumbre y el miedo de esos miles de soldados a la deriva para los que cualquier cosa que flota podría ser la salvación pero también el blanco de la siguiente bomba. Sin embargo, a pesar de la verdad y la dureza que contienen las imágenes y los sonidos de esta película extraordinaria, Nolan tiene el cuidado de no recrearse en la truculencia, de no falsificar el dramatismo de lo que muestra llenando la pantalla de sangre o mutilaciones, algo muy frecuente en otras películas que toman la excusa de la guerra para saciar al espectador de experiencias viscerales. Nolan sabe equilibrar el heroismo y el drama, la finura de los dilemas éticos que nos presenta con la intuición sobre el papel crucial que este episodio pudo tener en el desarrollo de la guerra. Así que, justo después de ver una película tan magnífica como Su mejor historia de  Lone Scherfig, volvemos a tener a Dunkerque como tema central de otra. Y la firma un director que, tras Origen e Interstellar, ya no tiene que demostrar su enorme capacidad para construir historias descomunales.  Con Dunkerque Christopher Nolan ha aportado a la historia del cine una obra mayor sobre la guerra. Y lo ha hecho sabiendo combinar muy honestamente la tensión, la emoción y la ética en una película formalmente impecable.

martes, 18 de julio de 2017

Su mejor historia

de Lone Scherfig. Reino Unido, 2016. 117’.
18 de julio de 2017. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

Autenticidad y optimismo. Esas son las claves de la película patriótica que deben preparar unos guionistas británicos en medio de la Segunda Guerra Mundial. Catrin Cole propone que se inspire en la historia de dos gemelas que ayudan con su barco a repatriar soldados desde Dunkerque. El proyecto avanza muy bien. Sobre todo por la complicidad con Tom Buckley, uno de los compañeros con los que está escribiendo el guión.

Una historia clásica sobre gentes que hacen cine en medio de las bombas. Así es Su mejor historia, cine dentro del cine con un guión tan eficaz y bien planteado como el de los personajes que preparan el suyo en la ficción. El cine en los cuarenta, las profesiones de ese mundo (genial la forma en que se retrata a los actores), Londres bajo los bombas, la relación angloamericana y una hermosa historia de amor, son algunos de las mimbres de una película que comienza de forma agradablemente sencilla y va creciendo en interés hasta el emotivísimo tramo final. El guión de la película ficticia se entiende maravillosamente con la que nosotros vemos, haciendo que las lágrimas finales de los espectadores londinenses de los años cuarenta se contagien a nuestras butacas y que la pantalla sirva de espejo para un homenaje al cine y a la singular comunión cívica que tiene lugar en él. No sé si Su mejor historia acabará siendo la mejor película de Lone Scherfig, pero tendrá mucho mérito si consigue hacer otra mejor.

lunes, 17 de julio de 2017

La guerra del planeta de los simios

de Matt Reeves. EE.UU., 2017. 142.
17 de julio de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

Los humanos quieren acabar con los simios en una guerra total. Así que estos necesitan salir de su reducto boscoso y encontrar alguna tierra prometida. César pretende guiarlos, pero antes quiere vengar la muerte de su mujer y de su hijo a manos de un pérfido líder estadounidense. Cuando lo encuentra está preparando una fortificación para defender a sus tropas de otros ejercitos humanos. Para ello ha creado un campo de trabajos forzados en el que los simios se ven obligados a construir un gran muro. Pero la astucia de César hará que finalmente triunfen los buenos y el planeta acabe siendo simio.

Imágenes impresionantes de paisajes y paisanajes.  Chimpancés, orangutanes y gorilas con gestos más sentidos que los de los humanos deberán luchar contra estos. Y lo harán en la arcadia boscosa de la que acabarán siendo expulsados y en el campo de concentración nevado en el que tendrán que rebelarse para merecer finalmente ese paraíso prometido con vistas a un lago al que los conducirá un Moisés simio llamado César. Pero más allá de eso, la película no me parece tan atractiva como la primera de la trilogía que se cierra justo cuando está a punto de cumplirse el medio siglo de la historia original. La guerra del planeta de los simios está hecha con muchos guiños y retales: el Kurt de Apocalypse Now, los capos de los campos de concentración nazis, los lideres negros de la causa por los derechos civiles, el comienzo de 2001 Una odisea del espacio y hasta el final de Los Croods. Pero, al margen de estos homenajes y referencias más o menos cinéfilas, la película que este verano expolia nuestras carteleras y secuestra tantas salas de proyección (igual que hacen cada diciembre las sucesivas guerras de las galaxias) es una historia tópica con un protagonista algo cargante en la que no encuentro motivos para las buenas críticas que ha recibido. Unos elogios que, desde luego, no necesita para que las empresas mayoritarias de distribución y exhibición sigan tenazmente con su labor habitual de desencefalización y uniformización de los públicos.

miércoles, 12 de julio de 2017

Llega de noche

de Trey Edward Shults. EE.UU., 2017. 97.
12 de julio de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

Una pareja y su hijo viven aislados en una gran casa en el bosque. Tras ser infectado el abuelo, los tres siguen evitando todo contacto con el exterior porque un mal desconocido ha obligado a la gente a alejarse de las ciudades. Una noche llega a la casa un hombre. Busca ayuda para su mujer y su hijo. Tras dudarlo, la familia decide acogerlos. Pero los miedos harán que las cosas se compliquen.

Salvando las distancias cinematográficas y literarias, el referente obligado de esta historia postapocaliptica es La carretera. El miedo que en la película de John Hillcoat (y en la novela de Cormac McCarthy) era nómada aquí es sedentario. Los recursos narrativos y la información que se nos aporta son mínimos para concentrar nuestra atención en lo central de la historia: la difícil convivencia entre los humanos cuando el miedo lo llena todo. El relativo protagonismo del hijo de la primera familia propone un punto de vista muy oportuno para una historia que, en general, está bien contada y que viene a confirmar que casi siempre es más temible y peligroso el propio miedo que aquello que lo motiva. Así que, aunque algunos detalles del guión podrían ser discutibles (las incineraciones en medio de ese denso bosque, los motivos de la última decisión de la segunda familia o el destino que al final tendrá la primera), Llega de noche es una película interesante que tiene el acierto de no abusar de los sustos para mantener la tensión.

martes, 11 de julio de 2017

Estados Unidos del Amor

de Tomasz Wasilewski. Polonia, 2016. 104’.
11 de julio de 2017. Cines Los Prados, Oviedo. V.O.S.

Cuatro mujeres sufren por amor. Una no quiere a su marido, pero quizá sí a un cura. Otra dirige un colegio y es rechazada por un hombre que acaba de quedarse viudo y con el que tenía una relación. La tercera es una mujer madura a la que atrae una joven que fue modelo y que también sufre por la ausencia de su amor. Todas tienen alguna relación entre ellas. En la familia, en el trabajo o en el vecindario.

Áspera. Con una fotografía de colores muy fríos que será fácil que uno recuerde en blanco y negro. Así es esta historia de cuatro mujeres polacas. Los encuadres están siempre muy cuidados. Como la forma en que se nos muestran las tristísimas vidas de estas mujeres unidas por su insatisfacción amorosa. Sus historias están contextualizadas en la Polonia inmediatamente posterior a la caída del muro de Berlín, pero los dramas que de ellas se nos muestran parecen tener un calado existencial mucho mayor. Así que, siendo igual de dramático y de triste, el Tomasz Wasilewski de hoy me ha parecido mucho más contenido y con mucho mejor control del relato que el de Floating Skyscripers, aquella otra amarga película suya sobre la homoxualidad juvenil que vi hace cuatro años en la sección oficial del Festival de Gijón. Estados Unidos del Amor está muy bien interpretada (cuando las mujeres están vestidas y también cuando están desnudas) y tiene una dirección impecable que evita cualquier subrayado, ni siquiera musical. Es una historia sobre los amores no correspondidos desde un punto de vista radicalmente femenino y bastante plural.

lunes, 10 de julio de 2017

El hombre del corazón de hierro

de Cédric Jimenez. Francia, 2017. 120.
10 de julio de 2017. Cines Parqueastur, Corvera.

Vemos como Reinhard Heidrych va llegando a la cúspide del poder nazi. Y vemos también cómo se preparó el atentado que en 1942 acabó en Praga con la vida de quien diseño en plan para el exterminio judío.

Dos por uno. Una primera parte sobre el ascenso al poder de aquel canalla. Y una segunda sobre la forma en que la resistencia checa preparó su asesinato. En la primera parte destaca la forma en que asistimos desde muy cerca a la intimidad del poder nazi, a su parafernalia estética y al horror de algunos de sus crímenes. En la segunda parece que estamos en otra película y el protagonista inicial deja de serlo en favor de los dos paracaidistas que llegan desde Londres con la misión de acabar con él. Su muerte desencadenó la furia de los nazis que, en venganza, arrasaron e hicieron desaparecer Licide, un pueblo checo cuyo nombre se ha convertido en símbolo de aquel tiempo terrible. El hombre del corazón de hierro resulta, por tanto, un interesante testimonio de aquellos hechos, pero se hace extraña por la forma en que se muestran sucesivamente las dos historias.